jueves, 20 de mayo de 2010

Cien familias y uno más.

Al principio iban a ser unas cincuenta, y como suele ocurrir hasta en las mejores familias, al final, se convirtieron en cien. Me refiero a la exposición, un retrato de las familias españolas, que puede visitarse en nuestro centro, hasta finales del mes de mayo. Cuando me comentaron que ibamos a convivir todos juntos durante un par de meses, debo reconocer que me asusté un poquito. Sin embargo, próximo ya el día de la despedida, admito que ha sido una experiencia fantástica. Cada una me ha contado su historia, cómo, dónde y cuándo se creó; me ha enseñado su casa, sus objetos personales y, alguna de ellas, hasta me ha confesado sus más íntimos secretos.
De la mano, o para ser más exacto, de los ojos de cuatro fotógrafos, Juan Manuel Castro Prieto, Juan Manuel Díaz Burgos, Vicente López Tofiño y Raúl Ortega, he podido descubrir lo variada, creativa y diferente que puede ser una familia. Y confirma lo que tantas veces me repito, es evidente que en la variedad está el gusto.

Uno de los fotógrafos, Vicente López Tofiño (la magnífica fotografía que ilustra el encabezado es suya), vino a presentarnos y, de paso, a visitarme. Lo primero que me sorprendió de él fue cómo llevaba su cámara fotográfica. Subió al último piso, casi directo, para buscar la luz, y su mirada revoloteaba en torno a un nuevo espacio que desconocía. Y esa extraña forma de transportar su cámara...

Vicente recorrió todo el edificio, se veía a la legua que estaba como un niño con zapatos nuevos. Se aventuraba por sus pasillos y observaba cada uno de los rincones. Yo intenté también ver lo que él tan claramente percibía y, de nuevo, me llamo la atención la manera en que llevaba colgada su cámara.

Ayer me tenía que ir corriendo al estreno de una obra de teatro... pero de eso les hablaré otro día. Antes de salir, fui a despedirme de mis invitados y volví a recorrer la exposición. Y contemplando las fotografías, comprendí. Vicente llevaba la cámara a la altura de su corazón.

martes, 11 de mayo de 2010

En un lugar sin mancha de cuyo nombre...

Tener la suerte de recordar tu propio nacimiento no está al alcance de todos. Sin embargo yo puedo vanagloriarme de haberlo vivido en directo. Mi familia hace las cosas a lo grande. Mi padre, ya lo conocen, el Estado español, y mi madre, como se imaginan, la Cultura, decidieron a principios de los años noventa agrandar su familia. Y como en esta materia no hay nada escrito (yo en estos momentos tengo unas cincuenta familias en mi casa, ¿sorprendente, no?; pero de ellas ya les hablaré otro día) pensaron que lo mejor sería tener muchos hijos y, además, repartidos por todo el mundo.

La noticia de mi bautizo corrió como la polvora, lo que no es de extrañar dado que pocos pueden jactarse de tener como madrina, a la Lengua, y como padrino, a Miguel de Cervantes Saavedra.

Bueno, he prometido ser sincero. Confieso que mi concepción fue por (léase los más rápidamente posible) Ley 7/1991, de 21 de marzo, por la que se crea el Instituto Cervantes. Con esta partida de nacimiento comprenderán que prefiero dejar a mi mente soñar con una creación más romántica, con unos padrinos ilustres y rodeado de hermanos. Y seguro que mi padrino estaría totalmente de acuerdo conmigo. Menudo era Miguel... También les contaré otro día algún que otro secretillo de él.

"Todos sueñan lo que son,
aunque ninguno lo entiende.
Que toda la vida es sueño,
y los sueños sueños son",
decía Calderón de la Barca. En mi caso, yo sueño lo que no soy, y no es por llevarle la contraria al bueno de Calderón, pero todos mis sueños forman parte de mi vida. Y cuando pienso esto, veo por el rabillo del ojo como sonríe mi padrino.

viernes, 7 de mayo de 2010

Una cita no tan secreta

Decidir desvelar toda tu vida no es un ejercicio fácil. Sin embargo les he prometido hacerlo y pienso mantener mi promesa. Por eso les voy a contar mis planes personales para este fin de semana.

Este domingo tengo una cita, entre las diez de la mañana y las cuatro de la tarde, en la Plaza Jean Jaurès de Burdeos. Para mí es una cita muy importante y, desde este preciso momento, ya no es secreta porque les invito a todos ustedes. Si no nos conocemos, será una magnífica oportunidad parar hacerlo y, en caso contrario, les presentaré a mis amigos. Tengo tanto que contarles sobre ellos... pero eso lo dejaré para otro día.

Por una vez estoy deseando que llegue el domingo. Siendo sincero debo admitir que es el día de la semana que menos me gusta pero este domingo, 9 de mayo, es muy especial, porque mi cita es con Europa.

Estas últimas semanas he seguido con mucho interés todo lo que se ha publicado en la prensa y me embarga cierta tristeza. Se diría que muchos han perdido la esperanza en ella. Yo confieso mi total creencia en el viejo continente, como también en el nuevo mundo y en cualquier lugar en donde haya gente, porque creo en la comunicación y en la palabra. Pero de palabras (sustantivos, adjetivos, verbos...) ya les hablaré en otra ocasión.

Esta situación me recuerda a lo que un día escribió Gabriel García Márquez: "El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo".

Me gustaría que una multitud viniese a mi cita con Europa, ya no tan secreta, de este domingo y que la gente que la está señalando con el dedo, dejase de hacerlo y la llamase por su nombre, porque ya tiene uno.

jueves, 6 de mayo de 2010

Mi tarjeta de visita

Hoy es un día especial para mí. He decidido que era el momento adecuado para integrar el mundo virtual de las redes sociales y presentarme ante ellas. Tengo que reconocer que no ha sido fácil. Mis conocimientos de este medio son escasos y, sin embargo, me he lanzado con mucho ánimo al recordar la frase de un pintor famoso, del que les hablaré en otra ocasión , que en el ocaso de su vida, y con más de ochenta años, tituló uno de sus grabados con la siguiente frase: "Aún aprendo..." Y por ello he decidido que si él pudo, yo también podré.

Pero, ¿se preguntaran quién soy? La respuesta es tan sencilla de expresar como complicada de entender. No soy un ser humano pero estoy lleno de vida y, aunque no he viajado nunca, hablo el idioma de casi quinientos millones de personas en el mundo. Tengo una familia impresionante puesto que casi nadie puede vanagloriarse de tener setenta hermanos distribuidos por todo el globo terráqueo.

No más adivinazas. Soy el Instituto Cervantes de Burdeos y quiero contarles mi vida. Con todas sus ilusiones, sus esperanzas, sus dudas y, de vez en cuando, alguna que otra pequeña ambición.
Espero que decidan seguir mis aventuras. Les puedo asegurar que prometen y si no me creen, sigan mi consejo y consulten este blog, porque próximamente les contaré cómo celebro mi cumpleaños. Nadie lo celebra como yo. Pero eso será en la próxima entrega.